La semana pasada se entregó un concurso de VPO en Granollers (Barcelona).
No sé como se justificarán los que se presentan, pero lo más grave es que se pueda licitar en estas condiciones.
El arquitecto que se presenta es inconsciente, egoísta, desleal y todos los adjetivos que queramos ponerle. El Ayuntamiento que presenta este concurso, a través de su sociedad de promociones, es esclavista.
Ofrecen como precio de base, que genera puntos si lo bajas, un 1% y pico del PEM, o sea, un 75% por debajo de los honorarios recomendados en los baremos del Colegio de Arquitectos de Cataluña.
¿Qué pretenden con estos honorarios?
El arquitecto no se ganará la vida. Es más, le costará dinero. El Ayuntamiento sufrirá las consecuencias de un trabajo mal hecho. Porque digamos lo que digamos, pensemos lo que pensemos, si no cobras lo justo, no trabajas lo justo. Haces lo que puedes para sobrevivir. Y lo primero sacrificado siempre es el trabajo.
No se en qué piensa el político que está detrás de este concurso, pero seguro que en algo malo, o bien en nada, que es el mismo.
Puedo imaginar mejor lo que piensa el arquitecto que se presenta: pretende sobrevivir a una situación muy difícil. Puede ser que cuando le lleguen los problemas económicos drivados de este proyecto, la situación global esté mejor. Puede ser. Entonces es posible que pueda cubrir sus pérdidas con otros encargos. Al final, realizar un proyecto de esta envergadura siempre da buena prensa. Abre puertas. Puede ser.
Pero estoy convencido de que se equivoca. Simplemente porque esta forma de pensar sacrifica a toda una profesión.
No es porque los honorarios son libres que nuestro trabajo no vale nada. La libertad de los precios es una ilusión. Siempre existe un límite, un mínimo: el precio del trabajo.
El del propio arquitecto, pero también el de sus trabajadores, el de las sub-contratas (ingenieros, topográfos, etc.). Si desde el inicio falla la cadena, son decenas de personas las que acaban sufriendo esta situación en cada proyecto.
Ya sabemos que las condiciones de trabajo de los arquitectos empleados (bueno, autónomos) son muy malas. Siempre acusamos a los promotores privados, que casi siempre se pasan en este sentido. Pero ahora la administración, en este caso un ayuntamiento, lo remata y multiplica por diez el problema.
Una vergüenza en la que yo, como arquitecto, no quiero ser cómplice.
Por este motivo no me presento a este concurso.
Quiero ayudar a mi profesión y al gremio de la construcción entero.
Nota: El CoAC, después de recomendar a los arquitectos no presentarse, ha empezado los trámites de impugnación del concurso. No saben si llegará a termino. Pero vamos por el buen camino.
Este escrito se publicó anteriormente en +Arquitectura